viernes, 24 de diciembre de 2010

Aquí y ahora



SECRETO DE MUJER


A cierta hora del día


ciertos días


la noción de ser hembra


emerge como la espuma


y sube hacia los contornos de mi cuerpo.




Plexo solar, muslos, brazos


se esponjan de una sensualidad


que va mucho más allá del sexo.


El regocijo interno,


el perfecto balance de alma y cuerpo


me posee en un aire de águila y paloma


desde el que se me otorga percibir


la exacta redondez y tersura de las cosas.


Desde los tobillos


un efluvio circular asciende a los sentidos


como si habitada por el antiguo poder de lo femenino


dejara de ser yo material y limitada


para transmutarme en el ala del ave


que, tensando los músculos,


vuela íngrima y absorta hacia el sol.


¿Quién dijo que soy débil?


¿Quién se atrevió a compadecerme?


En esos momentos


del impúdico goce de saber quién soy


pienso que debería, por decoro, taparme el rostro


el brillo sostenido, directo, de los ojos


para que ni los hombres,


ni los animales domésticos del vecindario


intuyendo mi olor a pájara o semilla germinada,


salieran en pos de mí


queriendo poseer la esencia de mi fuerza.


Como toda mujer que se precia de serlo,


cierro con un candado de llaves imposibles


la secreta noción de mi poder


y aparezco ante los demás


sin delatarme.





Gioconda Belli, en Mi íntima multitud, Madrid, Visor, 2003

Foto: Ingrid Geske, Aphrodite, Museo Pérgamo, Berlín




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