viernes, 24 de diciembre de 2010

Aquí y ahora



SECRETO DE MUJER


A cierta hora del día


ciertos días


la noción de ser hembra


emerge como la espuma


y sube hacia los contornos de mi cuerpo.




Plexo solar, muslos, brazos


se esponjan de una sensualidad


que va mucho más allá del sexo.


El regocijo interno,


el perfecto balance de alma y cuerpo


me posee en un aire de águila y paloma


desde el que se me otorga percibir


la exacta redondez y tersura de las cosas.


Desde los tobillos


un efluvio circular asciende a los sentidos


como si habitada por el antiguo poder de lo femenino


dejara de ser yo material y limitada


para transmutarme en el ala del ave


que, tensando los músculos,


vuela íngrima y absorta hacia el sol.


¿Quién dijo que soy débil?


¿Quién se atrevió a compadecerme?


En esos momentos


del impúdico goce de saber quién soy


pienso que debería, por decoro, taparme el rostro


el brillo sostenido, directo, de los ojos


para que ni los hombres,


ni los animales domésticos del vecindario


intuyendo mi olor a pájara o semilla germinada,


salieran en pos de mí


queriendo poseer la esencia de mi fuerza.


Como toda mujer que se precia de serlo,


cierro con un candado de llaves imposibles


la secreta noción de mi poder


y aparezco ante los demás


sin delatarme.





Gioconda Belli, en Mi íntima multitud, Madrid, Visor, 2003

Foto: Ingrid Geske, Aphrodite, Museo Pérgamo, Berlín




domingo, 19 de diciembre de 2010

Oh, fatal visión, déjame!

E' la solita storia del pastore...
Il povero ragazzo
voleva raccontarla, e s'addormi.
C'è nel sonno l'oblio.
Come l'invidio!
Anch'io vorrei dormir cosi,
nel sonno almeno l'oblio trovar!
La pace sol cercando io vò:
vorrei poter tutto scordar.
Ma ogni sforzo è vano... Davanti
ho sempre di lei il dolce sembiante!
La pace tolta è solo a me...
Perché degg'io tanto penar?
Lei!... sempre mi parla al cor!
Fatale vision, mi lascia!
mi fai tanto male!
Ahimè!





Lamento de Federico, de L'Arlesiana, ópera de Francesco Cilea.
... y Alfredo Kraus.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

De Vicente Gallego, una sorpresa

La procesión va por dentro.

Como una procesión a los ojos de un niño
a menudo la vida siempre me parece
una cosa solemne. La acompaño descalzo,
y el temor no me deja pisar fuerte.
Pero aún huele a flores cuando sigo su imagen,
y la fe que me queda me decide
a dejar de seguirla, a adelantar mi paso,
a ofrecerle los hombros otra vez
como el buen costalero que fui siempre.
Yo quisiera volver a perderle el respeto,
arrastrarla de nuevo por las calles,
hacerla zozobrar de lado a lado,
levantarla con fuerza en los pasos estrechos.
Que en los balcones otros la contemplen
pasar con ese miedo que inspira lo divino,
porque tan solo entré en sus paraísos
cuando no me asustaron sus infiernos.

Vicente Gallego, en El sueño verdadero, Madrid, Visor, 2003.