lunes, 30 de noviembre de 2009

(quis fallere possit amantem?)

Pero la reina (¿quién puede engañar al que le ama?)
presintió la trampa y adivinó el siguiente paso la primera,
temiendo porque todo andaba bien. La despiadada Fama contó
a la apasionada que se estaba preparando la flota y disponiendo su partida.
Enloquece privada de la razón y recorre encendida toda la ciudad
como una bacante excitada ante el comienzo de sus ritos,
cuando la estimulan al oír a Baco las orgías
trienales y la llama el nocturno Citerón con su clamor.
Increpa por último a Eneas con estas palabras.
«¿Es que creías, pérfido, poder ocultar
tan gran crimen y marcharte en silencio de mi tierra?
¿Ni nuestro amor ni la diestra que un día te entregué
ni Dido que se ha de llevar horrible muerte te retienen?
¿Por qué, si no, preparas tu flota en invierno
y te apresuras a navegar por alta mar entre los Aquilones,
cruel? ¿Es que si no tierras extrañas y hogares
desconocidos buscases y en pie siguiera la antigua Troya,
habrías de ir a Troya en tus naves por un mar tempestuoso?
¿Es de mí de quien huyes? Por estas lágrimas mías y por tu diestra
(que no me he dejado, desgraciada de mí, otro recurso),
por nuestra boda, por el emprendido himeneo,
si algo bueno merecí de tu parte, o algo de la mía
te resultó dulce, ten piedad de una casa que se derrumba,
te lo ruego, y abandona esa idea, si hay aún lugar para las súplicas.
Por tu culpa los pueblos de Libia y los reyes de los númidas
me odian, en contra tengo a los tirios; también por tu culpa
perdí mi pudor y con lo que sola caminaba a las estrellas,
mi fama primera. ¿A quién me abandonas moribunda, mi huésped
(que sólo esto te queda de tu antiguo nombre de esposo)?
¿Qué puedo esperar? ¿Tal vez que arrase mis murallas mi hermano
Pigmalión o que prisionera me lleve el getulo Yarbas?
Si al menos hubiera recibido de ti algún retoño
antes de tu huida, si algún pequeño Eneas
me jugase en el patio, que te llevase de algún modo en su rostro,
no me vería entonces de esta manera atrapada y abandonada.»


Dijo. Él no apartaba sus ojos de los mandatos
de Júpiter y a duras penas ocultaba el dolor en su corazón.
Responde por fin en pocas palabras: «Yo a ti de cuanto
puedas decir, reina, nunca te negaré
merecedora, ni me avergonzará acordarme de Elisa
mientras de mí mismo tenga memoria, mientras un hálito gobierne mis miembros.
Poco añadiré en mi defensa. Ni yo traté de ocultar mi huida
con una estratagema (no inventes), ni nunca del esposo
te ofrecí las antorchas o me comprometí a pacto tal.
Yo, si mis hados me permitieran guiar mi vida
según mis deseos y buscar mis propias preocupaciones,
habilitaría primero la ciudad de Troya y las dulces
reliquias de los míos, en pie seguirían las altas moradas
de Príamo y por mi mano habría levantado de nuevo Pérgamo para los vencidos.
Pero he aquí que Apolo Grineo a la grande Italia,
a Italia las suertes licias me ordenaron marchar;
ése es mi amor, ésa mi patria. Si a ti, fenicia, las murallas
te retienen de Cartago y la vista de una ciudad libica,
¿por qué, di, te parece mal que los teucros se establezcan
en tierra ausonia? También nosotros podemos buscar reinos lejanos.
A mí la turbia imagen de mi padre Anquises, cada vez que la noche
cubre la tierra con sus húmedas sombras, cada vez que se alzan
los astros de fuego, en sueños me advierte y me asusta;
y mi hijo Ascanio y el daño que hago a su preciosa vida,
a quien dejo sin reino en Hesperia y sin las tierras del hado.
Ahora, además, el mensajero de los dioses mandado por el propio Jove
(lo juro por tu cabeza y la mía) me trajo por las auras veloces
sus mandatos: yo mismo vi al dios bajo una clara luz
entrar en estos muros y bebí su voz con sus propios oídos.
Deja ya de encenderme a mí y a ti con tus quejas;
que no por mi voluntad voy a Italia.»


At regina dolos (quis fallere possit amantem?)
praesensit, motusque excepit prima futuros
omnia tuta timens. Eadem impia Fama furenti
detulit armari classem cursumque parari.
saeuit inops animi totamque incensa per urbem
bacchatur, qualis commotis excita sacris
Thyias, ubi audito stimulant trieterica Baccho
orgia nocturnusque uocat clamore Cithaeron.
Tandem his Aenean compellat uocibus ultro:
'dissimulare etiam sperasti, perfide, tantum
posse nefas tacitusque mea decedere terra?
Nec te noster amor nec te data dextera quondam
nec moritura tenet crudeli funere Dido?
Quin etiam hiberno moliri sidere classem
et mediis properas Aquilonibus ire per altum,
crudelis? quid, si non arua aliena domosque
ignotas peteres, et Troia antiqua maneret,
Troia per undosum peteretur classibus aequor?
mene fugis? per ego has lacrimas dextramque tuam te
(quando aliud mihi iam miserae nihil ipsa reliqui),
per conubia nostra, per inceptos hymenaeos,
si bene quid de te merui, fuit aut tibi quicquam
dulce meum, miserere domus labentis et istam,
oro, si quis adhuc precibus locus, exue mentem.
te propter Libycae gentes Nomadumque tyranni
odere, infensi Tyrii; te propter eundem
exstinctus pudor et, qua sola sidera adibam,
fama prior. Cui me moribundam deseris hospes
(hoc solum nomen quoniam de coniuge restat)?
Quid moror? an mea Pygmalion dum moenia frater
destruat aut captam ducat Gaetulus Iarbas?
saltem si qua mihi de te suscepta fuisset
ante fugam suboles, si quis mihi paruulus aula
luderet Aeneas, qui te tamen ore referret,
non equidem omnino capta ac deserta uiderer.'

Dixerat. Ille Iouis monitis immota tenebat
lumina et obnixus curam sub corde premebat.
tandem pauca refert: 'ego te, quae plurima fando
enumerare uales, numquam, regina, negabo
promeritam, nec me meminisse pigebit Elissae
dum memor ipse mei, dum spiritus hos regit artus.
Pro re pauca loquar. Neque ego hanc abscondere furto
speraui (ne finge) fugam, nec coniugis umquam
praetendi taedas aut haec in foedera ueni.
Me si fata meis paterentur ducere uitam
auspiciis et sponte mea componere curas,
urbem Troianam primum dulcisque meorum
reliquias colerem, Priami tecta alta manerent,
et recidiua manu posuissem Pergama uictis.
Sed nunc Italiam magnam Gryneus Apollo,
Italiam Lyciae iussere capessere sortes;
hic amor, haec patria est. Si te Karthaginis arces
Phoenissam Libycaeque aspectus detinet urbis,
quae tandem Ausonia Teucros considere terra
inuidia est? et nos fas extera quaerere regna.
Me patris Anchisae, quotiens umentibus umbris
nox operit terras, quotiens astra ignea surgunt,
admonet in somnis et turbida terret imago;
me puer Ascanius capitisque iniuria cari,
quem regno Hesperiae fraudo et fatalibus aruis.
Nunc etiam interpres diuum Ioue missus ab ipso
(testor utrumque caput) celeris mandata per auras
detulit: ipse deum manifesto in lumine uidi
intrantem muros uocemque his auribus hausi.
desine meque tuis incendere teque querelis;
Italiam non sponte sequor.'

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