viernes, 30 de octubre de 2009

A family crisis brings out the best and the worst in every member of the family

La gata sobre el tejado de zinc



Obra de teatro escrita por Tenesee Williams. Película dirigida por Richard Brooks, que también adaptó el guión.

min 6:56
Mae...
She's not kidding you.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Es bueno refrescar la memoria.


RECETA DE VARÓN
Parafraseando a Vinicius de Moraes
que nos dejó su "Receta de Mujer"

No importa si no es hermoso
-la fealdad en el hombre
puede despertar ciertos atávicos instintos femeninos –
pero es esencial que el pecho sea acogedor
y que los brazos ofrezcan la promesa
de abrazos apretados y tiernos.
Vello en el cuerpo o no,
es cuestión de gustos.
Personalmente los prefiero
tapizados,
con espacios de sombras oscuras
suaves al tacto,
y capaces de llenar el olfato
con el olor del día a flor de piel.
La cintura que se defina, por favor,
que no le sobre, ni le falte,
que no acuse el descuido del dueño,
más que en ciertas épocas permisibles
donde unas libritas demás,
son sólo testimonio de amables libaciones.
Las manos son definitivas:
deben saber sostener la cabeza de la mujer
con el celo conque el marinero escatima al viento
la única lámpara de aceite en medio de la tormenta;
ser ágiles como pájaros o cabras de monte,
capaces de la forja del hierro, la lágrima,
y de esculpir los intrincados artesonados del placer.
Las piernas también son importantes
pero les perdonamos las torceduras,
lo tosco, las imperfecciones,
si al encontrarnos con la boca
vemos una sonrisa en la que poder confiar
y unos ojos que nos aseguren la mañana.
La espalda masculina debe ser extensa
como una pradera por donde puedan pasear los búfalos
y los heliotropos,
y es fundamental que en las caderas
se alcen dos colinas
inequívocas, sólidas,
que se nos queden prendidas en la memoria
cuando el hombre se vuelva para marcharse,
alejándose en la noche.
La voz que resuene con vibraciones de bajo
pero que sepa modularla tensa y dulce melancolía del acordeón,
lamentando el fin de la luna en la ventana.
El hombre, al fin,
ese mítico animal
que reinventa siglo tras siglo
las quimeras que pueblan las obsesiones femeninas,
habrá de conservar,
-perdida la absoluta hegemonía-
todas aquellas cosas
galantes, fuertes, acogedoras,
que, a pesar de todos los pesares,
lo mantienen sólidamente anclado,
en el profundo, incansable mar,
de las hembras.

Gioconda Belli

Apogeo

Madrid, 2002, Visor libros

martes, 20 de octubre de 2009

Upanishad - Brihadaranyaka

En el origen nada existía sino Atman.
Miró en torno a sí, y sólo se vio a sí mismo.
Entonces tuvo miedo: por eso el hombre tiene miedo cuando está solo.
Después pensó: ¿De qué tener miedo, puesto que nada existe sino yo?"
Pero estaba triste: por eso el hombre está triste cuando está solo.
Entonces deseó un segundo ser.

jueves, 15 de octubre de 2009

Molinito que mueles amores


Molinito que mueles amores
pues que mis ojos agua te dan,
no coja desdenes quien siembra favores,
que dándome vida, matarme podrán.

Molinico que mueles mis celos
pues agua te dieron mis ojos cansados,
muele favores, no muelas cuidados,
pues que te hicieron tan bellos los cielos.

Si mis esperanzas te han dado las flores
y ahora mis ojos el agua te dan,
no coja desdenes quien siembra favores,
que dándome vida, matarme podrán.

Lope de Vega

Escrito en la fuente del Patio de los Leones


Agua y mármol se confunden
sin que sepamos cuál de ambos se desliza.
¿No ves cómo el agua se derrama en la taza
pero sus caños la esconden enseguida?
Es un amante
cuyos párpados rebosan de lágrimas,
lágrimas que esconde por miedo a un delator.


Ibn Zamrak

domingo, 11 de octubre de 2009

Hannigan & Sons




(...)

cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.
Y mis heridas serán
los derramados tinteros,

las bocas estremecidas
de rememorar tus besos

(...)
Miguel Hernández

jueves, 8 de octubre de 2009

Es ligero el equipaje...




Dejaré mi tierra por ti,
dejaré mis campos y me iré
lejos de aquí.
Cruzaré llorando el jardín
y con tus recuerdos partiré...
lejos de aquí.
...De día viviré
pensando en tu sonrisa,
de noche las estrellas
me acompañarán.
Serás como una luz
que alumbre en mi camino,
me voy, pero te juro
que mañana volveré...

Besos, Elena.

sábado, 3 de octubre de 2009

Juncal




¿Qué se siente ahí abajo?
cuando te pasa un toro por la tripa
y le oyes resoplar, y te roza,
y te entregas a él,
y le vas diciendo: mátame
mátame, si puedes,
que estamos tú y yo solos en el mundo...
que se ha acabao el mundo.
Y alargas la mano:
que yo soy yo mismo,
que tú eres mi hermano
y mi enemigo.
Esa muerte tiene que ser hermosa.


Jaime de Armiñán.

jueves, 1 de octubre de 2009

EL RECUERDO Y EL OLVIDO EN EL BARRIO DE FLORES





(por Alejandro Dolina)


En nuestros tiempos, no son muchas las personas de buena memoria.

Salvo, desde luego, en el barrio de Flores.

Todos sabemos las cosas que se cuentan sobre el barrio del Ángel Gris.

Y, aunque conviene desconfiar de cualquier testimonio al respecto, es casi un hecho que los Hombres Sensibles hacen alarde de recordarlo todo y suelen ejercitarse en lances tan complicados como la tabla del 113.

Esto puede sorprender a quienes han oído que los Hombres Sensibles de Flores huyen de las precisiones científicas como de la peste y son más bien proclives a la improvisación. Pero también ocurre que estos espíritus atorrantes odian la muerte y sospechan que lo que se olvida, se muere.

Por eso no es raro encontrar en los atardeceres de la calle Artigas a los muchachos sombríos memorizando versos murgueros, recordando la formación de Boca en 1955 o repitiendo en voz baja la lista de asistencia del colegio secundario. Están rescatando cosas de la muerte. A su manera, son salvadores.

Entre tantos enemigos como tienen los Hombres Sensibles, se hallan los Amigos del Olvido, organización con sede en Caballito, que propugna la abolición del recuerdo, según dicen porque duele.

"Todo recuerdo es triste" declaran estos caballeros.

Lo peor de estos impíos es su aire de inocencia, hijo del olvido de sus culpas. Sus semblantes sonrientes despiertan la simpatía de todos y cada día, docenas de socios nuevos se inscriben en la sede de la calle Rojas. El grupo se organiza en subcomisiones que se encargan a su turno de olvidar ciertas porciones del universo. Así, existe la Comisión del Olvido Permanente de Marcos Ciani, destinada a borrar las huellas del veterano piloto de Venado Tuerto. En sus reuniones la subcomisión delibera sobre toda clase de asuntos, con la excepción de aquellos que se vinculen de algún modo con Marcos Ciani.

Una rama radicalizada de los Amigos del Olvido declara que los recuerdos no solo son tristes sino también falsos.

"Jamás recuerda uno las cosas tal cual fueron", declaman.

De modo que para esa gente, los recuerdos son especies de sueños y los sueños no merecen sino el desprecio.

Mientras tanto, los Hombres Sensibles tienen decidido que solo los sueños y los recuerdos son verdaderos, ante la falsedad engañosa de lo que llamamos el presente y la realidad.

¿Qué es más verdadero? se preguntan. ¿El amable recuerdo de nuestra primera novia, dulce, ansiosa, inexplicable o esta señora contundente que compra fruta en la verdulería de la calle Condarco?

No hace falta decir que los Amigos del Olvido son más numerosos que los Hombres Sensibles o -al menos- presumen de ello. Más justo sería aclarar que muchas personas son Hombres Sensibles sin siquiera sospecharlo.

Vale la pena admitir en este punto que hay quienes se acercan a los Amigos del Olvido, no por simpatía filosófica, sino animados por propósitos tan mezquinos como el deseo de olvidarse de una señorita inconstante.

Tales infiltrados son descubiertos casi siempre por los miembros de alguna comisión, quienes poseen un olfato especial para distinguirlos. Las sanciones son, en general, muy severas. Pero rara vez se cumplen, precisamente porque los encargados de ejecutarlas se olvidan de hacerlo.

Los Amigos del Olvido aman el futuro. Pasan largas veladas contando hazañas que aun no han cumplido y jactándose de los amores que tendrán alguna vez. Sostienen -además- que siempre es mejor lo que ha ocurrido después. Constituye una experiencia interesante proponer a la elección de un amigo del Olvido dos objetos cualesquiera, siempre elegirán lo que se menciona en último término.

- ¿Quiere usted un helado de crema o de chocolate?
- De chocolate.
-¿Lo prefiere usted de chocolate o de crema?
- De crema.

De este criterio surge un insoportable optimismo y espíritu progresista. Cualquier novedad es acogida en la sede de la calle Rojas con aplausos y vítores.

Los Hombres Sensibles -como todo el mundo sabe- odian el futuro, porque han descubierto que en el futuro esta la muerte.

El enfrentamiento entre ambos grupos ha llegado muchas veces a una módica violencia.

Pero las ofensas no dejan rastros. En unos, porque olvidan... En los otros, porque perdonan.

Según los Amigos del Olvido, la existencia de medios idóneos para almacenar el conocimiento torna inútil todo esfuerzo mental al respecto. Poco sentido tiene -arguyen- memorizar la historia de los fenicios, cuando hay libros que la atesoran cabalmente.

Al oír esto, los Hombres sensibles se enfurecen:

-Eh... los libros sólo son recipientes que contienen lo que luego han de beber los hombres...

Pero a estas alturas, los Amigos del Olvido ya están en otra cosa.

Muchos Hombres Sensibles temen a las computadoras, a las calculadoras electrónicas y al Cerebro Mágico. Sostienen que el uso de estos aparatos embota el ingenio y atrofia el intelecto. Por eso es que, con toda frecuencia, una melancólica patota recorre el barrio del Ángel Gris, destruyendo las máquinas de pensar que suelen cundir en oficinas, para no mencionar las cajas registradoras de los bares, los fixtures de Glostora, las balanzas y los relojes automáticos (a la hora de destruir, los Hombres Sensibles se enardecen y no se andan con sutilezas).

En su larga lucha contra el recuerdo y la memoria, los Amigos del Olvido han desarrollado interesantes estrategias. Pero, sin ninguna duda, su más importante hallazgo fue el Licor del Olvido, un cordial de existencia incierta que -según parece- tiene la virtud de abolir el pasado en quien lo toma.

En épocas lejanas, los hombres de la calle Rojas se limitaban a beber ellos mismos su licor, emborrachándose locamente de esperanzas sin presagios.

Pero luego empezaron a mezclar el licor en la ginebra de los Hombres Sensibles para inducirlos a olvidar.

Pero lo peor ocurrió cuando los Hombres Sensibles alcanzaron a destilar el Vino del Recuerdo, cuyos efectos son -como ya se sospechará- opuestos a los del licor.

También los muchachos del Ángel Gris recorrieron el mismo camino: bebieron solos primero y trataron después de usurpar las copas de los que nada recuerdan.

Y eso fue terrible. Porque si el Licor del Olvido y el Vino del Recuerdo son de por sí peligrosos, la mezcla es verdaderamente mortal.

El autor de esta crónica cree haber probado -sin sospecharlo- ese espantoso cóctel.

Sus efectos se traducen en oscuras añoranzas de lo que vendrá, en olvidos de lo que nunca fue y en un sabor amargo y dulce que hace llorar.

Las señoritas Amigas del Olvido suelen pasearse por el barrio de Flores para enamorar a los Hombres Sensibles.

Los muchachos del Ángel Gris -bien lo sabemos- son de corazón blando y se enamoran para siempre.

Entonces las señoritas de Caballito se olvidan de ellos y los abandonan sin remordimiento.

Estos tristes episodios propenden -sin embargo- al florecimiento de las artes en Flores, pues los Hombres Sensibles suelen componer sus mejores versos, elaborar sus canciones más sentidas y tallar sus más hermosos anillos cuando sufren.

Poco cuesta imaginar cual será el fin de esta lucha entre olvido y memoria.

Los Hombres Sensibles de Flores están derrotados. De nada les valdrá oponerse a la muerte, porque la muerte llegara de todos modos.

De nada les servirá su pasión por la memoria, pues toda memoria es perecedera. Y -en definitiva- el tiempo es el mejor aliado de los Amigos del Olvido.

Pero es obligación de todos nosotros hacer un poco de fuerza por los muchachos de Flores, para que su derrota sea más honrosa.

Recordemos todo el tiempo. No olvidemos nada. Ni el color de nuestras corbatas perdidas, no el olor a tiza y sudor del colegio, ni el calor del asfalto sobre los pies descalzos, ni el gusto a jazmín de los besos en la noche, ni el aroma de la untura blanca.

Si nos espera el olvido, tratemos de no merecerlo.

Y pensemos que después de todo, aunque la victoria final sea de los Amigos del Olvido, será un triunfo sin festejo. Nadie lo recordara jamás.